22 octubre 2026 Blog

Tragar un poco de agua

Quien sólo sabe de Medicina, ni de Medicina sabe” 

José de Letamendi y Manjarrés (1828–1897)

Frecuentemente se considera que para ser un buen profesional no es necesario otro bagaje intelectual más que los conocimientos técnicos precisos. Pero la frase del médico catalán que encabeza el artículo nos advierte que en Medicina esto no es así. Nadie duda de la importancia de poseer las habilidades prácticas y los conocimientos teóricos necesarios, pero es que en nuestra profesión debemos acercarnos a temas tan trascendentales que para superarlos suele necesitarse ser vividos en primera persona. Es preciso una experiencia vital que el mero estudio de los libros no puede proporcionar. Alguien puede estar durante años estudiando la enciclopedia más completa de la natación y saberse de memoria su contenido, pero hasta que no entre en el agua y trague un poco nunca aprenderá realmente a nadar.

Y esta aseveración es válida también para otras profesiones sanitarias como la Psicología, la Enfermería o la Psicoterapia. Precisamente uno de nosotros estuvo participando en Cracovia ─hace ya más de quince años─ en una reunión de formadores de la Asociación Europea de Terapia Familiar (European Family Therapy Association EFTA) cuyo objetivo era concertar los requisitos previos para que una persona pudiera estudiar la especialidad de Psicoterapeuta Familiar. En principio los representantes de algunas escuelas abogaban más porque sólo pudieran ser terapeutas los médicos o los psicólogos. Otros proponían que se incluyeran también profesiones sanitarias como los trabajadores sociales o de enfermería. Al final, tras una discusión tan interesante como complicada acordamos que lo importante no era poseer el título de una carrera específica, sino que hubiera completado cualquier carrera universitaria. El motivo aducido era que si al acabar la enseñanza secundaria un joven con poco más de veinte años realizara la especialización psicoterapéutica y pudiera ejercer como Psicoterapeuta Familiar sería un sinsentido. Parece claro que en su trabajo cotidiano le tocaría afrontar graves problemas sin que todavía estuviera suficientemente preparado.

Seguimos con experiencias personales. Cuando tutelamos a los alumnos de 6º de Medicina resulta fundamental ayudarles a afrontar los problemas vitales que el paciente nos trae y ellos ─afortunadamente─ todavía no han conocido. Nos referimos a casos de muertes cercanas, aparición de enfermedades incapacitantes, accidentes imprevistos, situaciones vitales traumáticas como, abusos sexuales, negligencia familiar, abandonos, traiciones… Por supuesto que es necesario saber anatomía, fisiología, patología médica, o quirúrgica… Con este conocimiento sacaremos buenas notas en los exámenes y diagnosticaremos, pero ¡ay! no siempre seremos capaces de ayudar a la persona que en la consulta está poniendo su destino en nuestras manos, El conocido aforismo decía: “No existen enfermedades, sino enfermos”, Cada persona es única e irrepetible, pero su sufrimiento, al igual que los estilos literarios, suelen ser siempre los mismos y debemos conocerlos en primera persona.

¿Qué es, entonces, lo que estamos proponiendo? ¿Abandonar los estudios y dejar de formarnos a nivel técnico? En absoluto. Estos constituyen una condición sine qua non, pero no suficiente. En el caso de los Terapeutas Familiares se decidió que era necesario tanto los conocimientos proporcionados por los enseñantes como la madurez de quien los recibe, por lo que el hecho de que ya hubiera estudiado alguna carrera universitaria constituía una cierta garantía. Curiosamente después de Bolonia la carrera de Medicina (y también la de Arquitectura) son las únicas que han mantenido el número más alto de años de licenciatura, y creemos que se debe no tanto por la dificultad de las materias tratadas, sino más bien por el hecho de proporcionarle al alumno más tiempo para su crecimiento y madurez personales.

Entonces, ¿todo es cuestión de tiempo? ¿Se trata sólo de esperar? Evidentemente no. El tiempo es para llenarlo de experiencias con aficiones (cine, literatura, viajes…), y compartirlas con amigos o en la vida familiar… Es decir, para vivir una vida plena que incluya esfuerzo y diversión, alegría y tristeza, triunfos y derrotas… Este es el equipaje vital que necesitamos para ayudar a los pacientes con nuestros conocimientos y, también, con la imprescindible madurez para que se sientan comprendidos y acompañados por su médico.

Dr. Manuel Álvarez Romero, Médico Internista

Dr. José Ignacio del Pino Montesinos, Médico Psiquiatra

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